Expertos en buceo libre hicieron una demostración en el Aquarium

«El encuentro, la fusión del cuerpo con el mar. Es una manera de ser un pez, te dejas llevar», así definía ayer Joseba Querejeta (1968) sus sensaciones al explicar en qué consiste la apnea submarina. Este durangués es campeón individual absoluto del mundo de pesca submarina 2008-2010 en la modalidad de buceo libre, es decir sin botella de oxigeno, y ayer realizó una demostración de su especialidad, junto al canario Francisco del Rosario (Hierro, 1977), en el Aquarium donostiarra.
Los deportistas se sumergieron en la cubeta del auditorio del centro oceanográfico que, aunque no resulte igual que el fondo submarino, cumplía los requisitos para que el público que acudió a la demostración se quedará prácticamente con la boca abierta al constatar la elegancia con la que se movían entre los peces tropicales. El traje de Querejeta se camuflaba entre las piedras de la pileta, mientras que Del Rosario, después de un par de minutos de inmersión, expulsaba el aire formando una llamativa cadena de aros.
«Estar bajo el mar es una de las mayores satisfacciones que conozco. Es lo más maravilloso», añadía Querejeta al referirse a su pasión y oficio. Para él la apnea no es una especialidad sino una manera de practicar la pesca submarina. «Si te relajas y te olvidas de tu cuerpo casi no tienes necesidad de respirar. El récord mundial de permanencia debajo del agua sin oxígeno es de más de once minutos. Algunos buceadores logran descender a más de cien metros. Todo depende de la preparación física y mental, pero los médicos no encuentran una explicación».
Al contrario que el de Durango, Francisco del Rosario practica la apnea en parado y ha llegado a ocupar el puesto diecisiete en el ranking mundial con un récord personal de seis minutos y medio. A San Sebastián ha venido con una película debajo del brazo, ‘Odontaspis ferox’, que trata sobre el encuentro que él y su hermano Armando tuvieron con este gran tiburón y que se exhibió ayer dentro del Ciclo del Cine Submarino. Explicó que el buceo libre es «la paz absoluta, es como volar en el medio líquido. La conexión entre el cuerpo y el mar es total. Hay momentos que hasta escuchas cómo te late el corazón».
Durante la exhibición de ayer, Querejeta, que lleva más de veinte años buceando, sufrió algún percance, -su cabeza chocó varias veces con las tuberías por donde sale el agua de la piscina-, pero no corrió el peligro con el que se ha encontrado en sus inmersiones. «Me ha pasado de todo. Cuando era joven tuve un síncope, el corazón se me paró y me desmayé. Desde entonces no corro el riesgo de pasarme del límite. Soy cauto, pero en ocasiones te encuentras con el peligro de cara como cuando he buceado en comederos de tiburones. Una vez me mordieron el fusil y casi me llevan la mano»